Pero lo que quería
comentar de La vuelta completa es un fragmento que muestra la relación entre
Pancho y Beba, un ejemplo patente de cambio de paradigma que ahora se lee muy
diferente que a principios de los 60, cuando fue escrita. Pancho Expósito es un
joven profesor de literatura que no encuentra sentido a su existencia, que es incapaz
de amar y que vive con sus padres, con sus amigos y con la novia Dora unos vínculos de desapego afectivo, formales
y distantes. También lleva adelante su trabajo docente con desapego e ironía.
Beba es una chica de diecisiete años, prima de Dora, la novia de Pancho. En una
circunstancia en que Pancho y Beba se hallan solos en una casa él la viola. Me
dejó absorta el relato de la escena, que Saer muestra de manera objetiva y fría:
él la toma por la fuerza, es decir la viola, mientras ella llora, declama patéticamente
“no, no”, y recibe varias bofetadas para quedar sometida. Terminado el hecho,
Beba se levanta y se dirige a la cocina a preparar mate. Pancho la sigue luego
de distraerse un rato con un mazo de cartas y como ella permanece en silencio
mientras calienta el agua, sin hablarle, él le pega otra tremenda bofetada que
la arroja contra una pared. Un rato después de que ella le haya cebado varios
mates, ambos arreglan salir juntos el día siguiente.
Esa forma de
vivir lo que era una violación brutal como una demostración de legítimo interés de un hombre
por una mujer necesitó varias décadas y mucha lucha para que se la
entendiera como lo que es, incluso por las mismas mujeres.
Minimizar y disculpar la violación, aceptarla equívocamente, tragarse también otras
violencias sin dar respuesta, y aceptar
a continuación una salida de común acuerdo parece increíble hoy. ¿No?
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