
¿Y los prófugos? A veces, en
alguna madrugada insomne, tres hombres en una camioneta siempre cambiante se
tiroteaban con el personal de un patrullero siempre sorprendido. Una vez
sucedió que los fugados le robaron una camioneta a la misma Gendarmería y
continuaron fugándose.
O por lo menos eso contó la
prensa, que le habían robado a la mismísima
Gendarmería. Los prófugos habían estado muchos días en tapa de los
diarios y como primera noticia de la televisión, hasta que alguna información
más urgente los desplazaba. De abrir los noticieros de la tevé fueron pasando a
la última noticia antes de las deportivas, y en los diarios, de la tapa a algún
recuadrito en página par, de la 20 para atrás, hasta que dejaron de
mencionarlos y los programas de debates abandonaron el tema. ¿Y los prófugos?
Parece que la policía seguía persiguiéndolos, allá, entre maizales y pastizales,
entre los cuales siempre encontraban algún bidón vacío, una camioneta
abandonada, restos diversos. Pero de ellos, nada. Algún ministro
había asegurado, muchos días atrás,
que estaban cercados, y otros declaraban que estaban ya con muy
escasos recursos, esperando, tal vez, que se les apagaran del todo los
celulares, se les terminara la nafta y se quedaran sin un centavo para comprar
un sándwich en la ruta, para, ¡por fin!, poder apresarlos, si es que los
encontraban.
¿Y los prófugos? Siguieron
fugándose campo adentro, perseguidos por la dedicada multitud de perros, policías,
prefectos, grupos de élite, espías y gendarmes, la cual sufría el riesgo cierto de perder más camionetas. Siguieron
fugándose por los campos y los pueblos, y a despecho de que iban perdiendo
lugar en los medios lo ganaron en los cuentos de papás y mamás, que empezaron a
contarle a sus chicos, antes de dormir: “Había una vez unos presos que se
escaparon de la cárcel…”