La estampa tiene un dibujo antiguo, con vestimentas y escena de otra época, y la oración reza en castellano castizo. Le pregunto a la nena si sabe de su ángel de la guarda pero con los ojos me responde que no, que ni idea. Tal vez ni siquiera habrá prestado atención al dibujo.
Sembrando el viento
Un blog de obstinadas semillas literarias
viernes
Niña con ángel sin guarda
sábado
Coordenadas
Más arriba todavía están las estrellas. Puedo determinar cuáles son en este
mismo momento, de día y lluvioso, con la aplicación Stellarium. La aplicación me ubicará en dónde estoy parada yo en el
planeta: aproximadamente 37º56’S-37º57’O. Y podré girar el firmamento en la pantallita, el
firmamento a mi alrededor conmigo como centro. Compararlo con el que veo
arriba, en el cielo negro del cosmos, aprender los nombres de las estrellas, visualizar
planetas y galaxias.
Las coordenadas de
mi ubicación son tan precisas como las que llevaron al misil que Estados Unidos
arrojó sobre una escuela en la ciudad de Minab, en Irán. Ciego y destructor
cayó el misil sobre las vidas de niñas y maestras, sin saber nada más que las
coordenadas a las que llegaría: 27°6′35.4″N 57°5′05.1″E
En mi casa segura, bajo la lluvia que musicaliza el techo de chapas, sé que arriba de la tormenta está el sol. Y sé también con la misma lucidez que mis coordenadas en Mar del Plata pueden establecerse con tanta exactitud como las de Minab. Todo alrededor del planeta aparecen en pantallas, en los mapas de Google y bajo los ojos de los que crean las coordenadas de los ataques.
jueves
Las lluvias y la espera
Llueve intermitentemente desde hace varios días. Si no llueve llovizna y entre una y otra, cuando el agua que cae del
cielo se detiene un rato, se siente el
aire traspasado de humedad. Se lucen unas perlas colgantes de los aleros, las
hojas de las plantas sostienen unas
gotas grandes de belleza traslúcida, y bajo el pasto la tierra no termina de
absorber tanta agua.
En mi exvida del centro de la ciudad la humedad era solo atmosférica. Y
bien molesta que era. Pero las lluvias no dejaban perlas sobre el pasto ni bajo
él la vida secreta de las lombrices, o a mí no se me revelaban porque no hay
perlas ni lombrices sobre el asfalto. Y era muy raro descubrir el arco iris
entre los edificios al contrario que aquí, en Alto Camet de Mar del Plata, que cruza abiertamente el cielo con su
semicírculo de delicado esplendor.
Mis plantas están hinchadas de agua. Ellas y yo esperamos el fin de la
lluvia, el viento sur que seca y enfría,
y la reaparición del sol que hará brillar las hojas limpias y
reverdecidas y a mí hacerme caminar sobre la tierra que se seca a buscar el
horizonte, allá, donde se traza sobre el confín del mar.
lunes
Venezuela en el jardín
Pasaron los días de las fiestas y mi jardín y mi pequeña huerta las pasaron esperándome a que les diera más atención de la mínima que les ofrecí por esos días. Los yuyos, la sed, los bichos, no festejaron nada, no se distrajeron con brindis y reuniones.
Así que esta mañana fui a hacerme cargo. Estaba hermosa la mañana de
verano, con cielo azul y con una brisa suave.
Agradecí poder ocuparme de la pequeña tierra a mi disposición para tratar
de que, haciendo, las manos me llevaran
a olvidar por un rato el nefasto 3 de enero de Venezuela.
Pero no fue posible. Recorté los canteros sobre los que avanza la gramilla
y Venezuela volvía. Saqué yuyos con la azada y con la mano y volvía Venezuela.
Trasplanté un romero y Venezuela volvía. Preparé la tierra para un almácigo y
volvía Venezuela. Observé el revés de las hojas de los tomates y Venezuela
volvía. Volvía, volvía, volvía…
Como un monstruo perseverante que obliga a cada uno a que lo mire a los
ojos sin distracción, así volvía. Y bueno, si así lo ha querido así será... En Latinoamérica
va a sobrar indignación, ira y ganas de rechazar yanquis infinitamente. Se
revisan las herramientas, se alista la palabra, se orienta la energía. Se recuenta
el afecto de los latinoamericanos que sufrimos golpes, asesinatos, exilios, saqueos,
inolvidable memoria desgraciada del S.XX, y nos acercamos más entre nosotros.
De monstruos sabemos mucho, y de resistirlos también.
jueves
¿Qué arde en lo que se quema o se rompe?
Como mis allegados (y lectores) saben vivo en Alto Camet, uno de los barrios que rodean al Parque Camet, en la zona norte de Mar del Plata. Muy cerca de Las dalias, otro de esos barrios cuya sociedad de fomento impulsa y abre espacio a muchas actividades, además de las específicas barriales, o las acompaña. En esa sociedad de fomento funciona la Biblioteca popular Elena Ekimoff, que fue recuperada y es gestionada por vecinas y vecinos.
Entre muchas de sus tareas desde hace unos meses la biblioteca se propuso
establecer las “paradas lectoras”, la
instalación de una pequeña biblioteca en paradas de colectivos del barrio y en el Parque con
libros a disposición de quien los quiera, para grandes y chicos, circular o no.
A veces tuve el gusto yo misma de llevar
libros para llenar la “bibliotequita” que de color celeste y con su puertita
protectora se había vaciado en la parada lectora de Beltrán y Ghandi, un cruce
importante en la zona. Daba alegría ver
que se había vaciado.
Pero en días pasados la bibliotequita de esa parada lectora fue
vandalizada. Nuevamente, porque antes ya la habían roto. Ahora apareció quemada, negra de
hollín las maderas, los libros desaparecidos en fuego y humo.
¿Quién o quiénes la quemaron? ¿Quiénes pueden sentirse enojados, molestos,
ofendidos por unos libros disponibles públicamente, hasta el punto de quemarlos? ¿Quieren impedir la
lectura? ¿O qué están diciendo, qué quieren expresar?
¿Algunos de ellos habrán quemado las pequeñas bibliotecas de las paradas?
Rodríguez Alzueta se extiende y profundiza mucho más en sus artículos y
libros, que se encuentran disponibles en la web. A mí me queda esa pregunta
como búsqueda de explicación que comparto, tratando de comprender aunque no por eso
deje de doler. Y también queda la firme
resolución de la Biblioteca Ekimoff de seguir reconstruyendo las paradas para
que sigan siendo lectoras.
viernes
El señor Presidente
En su novela El señor Presidente (1946) el guatemalteco Miguel Ángel
Asturias cuenta las condiciones y los efectos en la sociedad y en las personas de
vivir bajo un gobierno dictatorial, basada muy probablemente en el gobierno de Manuel Estrada Cabrera, un auténtico modelo de dictador.
Me ha venido a la memoria porque en esa historia se remarcan los personajes
que orbitan alrededor del Presidente, generales, ministros, empresarios, ricos amigotes, variados obsecuentes que lo visitan en
palacio en busca de favores, chupamedias sin necesidad pero con muchos deseos
de serlo, o temerosos del sol enceguecedor que es el tirano. Lo que siempre me acordé de esas descripciones
eran los graves análisis ansiosos al retirarse del palacio presidencial por interpretar qué quiso decir el señor
Presidente cuando dijo tal cosa o qué no
dijo cuando sí dijo tal otra.
Me ha vuelto el recuerdo de ese cotilleo obsesivo de palacio, y por
supuesto que salvando las distancias,
porque en estos tiempos los medios y muchos periodistas gastan minutos, horas
y días, bits, ondas de diverso tipo, pantallas e incluso
papel, contando una y otra vez las estridentes peleas en el “Círculo de hierro”, las disputas
entre la Hermana y el Asesor, el penúltimo rumor, los gritos más nuevos del
señor Presidente, las perspectivas si
los troles se enojan mucho, poquito o al fin, nada, los equilibrios políticos
en las oficinas si pasa o pasara tal
cosa, los que harían el bolsito si pasara tal otra, de dónde llega la
información, qué cara tenía aquél, qué mirada le mandó aquella…
¿Y a nosotros qué?, me dan ganas de tirarles a la cara con una pelota bien
pesada. Me da infinito fastidio la
actual manía de palacio, que escucha, interpreta, analiza las conversaciones,
los diminutos intercambios, el rumor
dicho al oído, esa manía que no inocentemente cuenta incontables y
estúpidas reyertas y arreglos una y otra vez para no contar lo que ocurre fuera
de palacio, y entendiendo que adentro de él, en ese círculo de poder, reside
todo. Sin que ninguna de las interminables roscas signifiquen algo, algún
cambio, para nosotros.
miércoles
Alto Camet en mi poemario
Este poemario recibió mención especial en el 1er. Consurso de Poesía Néstor Perlongher, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, en 2024.
@garinisabel
En preventa hasta el 9/7/25
https://halleyediciones.com.ar/
@halleyediciones
jueves
Invierno
frío atardecer
malva el cielo
transparente
inmóvil el aire
helado
enciende fuegos
el corazón en casa,
ya en su encierro
@garinisabel
domingo
Meteorología
hay una medialuna
helada, escondida
en el cielo con nubes
del anochecer
ladridos de perros
llovizna de a ratos
viento frío
y un ruego
al cerrar los postigos:
diosito,
que mañana haya sol
viernes
Eugenia, calmate de Carolina Bugnone
Porque Eugenia no
puede calmarse por más que se lo diga a sí misma o se lo pidan. Esa imposibilidad
lleva el hilo de su historia, su agitación interna se revuelve en sus sueños,
en su insomnio, en su trabajo de docente, en la convivencia con el marido sin
amor y sin ninguna gracia. La exasperada Eugenia da vueltas por su
disconformidad sin encontrar un escape
al hastío y al cansancio.
Pero encontrará
una escapatoria perturbada: acercarse personal y afectivamente al ciruja que
duerme y vive en la cuadra de su casa. La historia no es complaciente: el
ciruja es tal, sucio, maloliente, a veces borracho. Y de ahí en más Eugenia se deslizará en plano
inclinado cayéndose del trabajo, del marido y de la hijita, con un punto
culminante de atroz locura.
A mí me pareció
admirable cómo la novela mantiene los sueños y ensueños de Eugenia, sus
diálogos, sus monólogos, sus visiones, en ese registro alucinado y fatal que va
en crecimiento, y en el cual flotan la realidad y la alucinación sin
distinciones.
Se me ocurre que
tal vez Eugenia sea parienta de la vegetariana Yeong hye y como ella grite con
su alteración el descontento con la vida que se ve obligada a llevar, una vida
que no le abre ninguna puerta o camino nuevo que pueda seguir.









