Pasaron los días de las fiestas y mi jardín y mi pequeña huerta las pasaron esperándome a que les diera más atención de la mínima que les ofrecí por esos días. Los yuyos, la sed, los bichos, no festejaron nada, no se distrajeron con brindis y reuniones.
Así que esta mañana fui a hacerme cargo. Estaba hermosa la mañana de
verano, con cielo azul y con una brisa suave.
Agradecí poder ocuparme de la pequeña tierra a mi disposición para tratar
de que, haciendo, las manos me llevaran
a olvidar por un rato el nefasto 3 de enero de Venezuela.
Pero no fue posible. Recorté los canteros sobre los que avanza la gramilla
y Venezuela volvía. Saqué yuyos con la azada y con la mano y volvía Venezuela.
Trasplanté un romero y Venezuela volvía. Preparé la tierra para un almácigo y
volvía Venezuela. Observé el revés de las hojas de los tomates y Venezuela
volvía. Volvía, volvía, volvía…
Como un monstruo perseverante que obliga a cada uno a que lo mire a los
ojos sin distracción, así volvía. Y bueno, si así lo ha querido así será... En Latinoamérica
va a sobrar indignación, ira y ganas de rechazar yanquis infinitamente. Se
revisan las herramientas, se alista la palabra, se orienta la energía. Se recuenta
el afecto de los latinoamericanos que sufrimos golpes, asesinatos, exilios, saqueos,
inolvidable memoria desgraciada del S.XX, y nos acercamos más entre nosotros.
De monstruos sabemos mucho, y de resistirlos también.

1 comentario:
yo también todo el tiempo tuve o tengo a Venezuela en la cabeza y a los yanquis hdp tambien
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