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domingo

Robo y daños en la plaza comunitaria de Parque Camet

 

Ayer la Ecoasamblea de Parque Camet (en Mar del Plata) se reunió como todos los sábados en la placita comunitaria  que creó y mantiene en el parque.  Entonces hizo un descubrimiento triste: habían robado un banco,  faltaba la caja-biblioteca que instaló la Biblioteca Ekimoff dejando pelado el poste, la compostera estaba reducida  a unas pocas tablas porque también le habían sacado partes, y varios faltantes más o roturas en otros muebles de plaza. Hay que recordar que todo el mobiliario de la placita está hecho con donaciones de pallets, con postes de alumbrado en desuso o con tambores de cables y recubrimientos de cerámicas en las mesas, fabricado por los mismos vecinos de la asamblea. 

La suposición general es que los robaron para utilizar la madera como leña. En el invierno destemplado de la costa, en las heladas casas sin reboque adonde entra el chiflete de agosto sin pedir permiso, en el frío de las cocinas con tan poco o tan malo que cocinar, en la falta de sostenes sociales y de vínculos comunitarios, robar o dañar lo que se habrá entendido como madera al alcance fácil sin ninguna consideración colectiva, lo explicaría. 

Que lo explique no significa que se disculpe o se justifique. Por lo pronto, ayer mismo se comenzó a reparar o instalar algunos de los faltantes, tarea  que se continuará el próximo sábado porque como dice la canción "si se derrumba yo lo reconstruyo". 





jueves

¿Qué arde en lo que se quema o se rompe?

 

Como mis allegados (y lectores) saben vivo en Alto Camet, uno de los barrios que rodean al Parque Camet, en la zona norte de Mar del Plata. Muy cerca de Las dalias, otro de esos barrios  cuya sociedad de fomento impulsa y abre espacio  a muchas actividades, además de las específicas barriales, o las acompaña. En esa sociedad de fomento funciona la Biblioteca popular Elena Ekimoff, que fue recuperada y es gestionada por vecinas y vecinos.

Entre muchas de sus tareas desde hace unos meses la biblioteca se propuso
establecer las “paradas lectoras”, la instalación de una pequeña biblioteca en paradas de colectivos del barrio y en el Parque con libros a disposición de quien los quiera, para grandes y chicos, circular o no. A veces tuve el gusto yo misma  de llevar libros para llenar la “bibliotequita” que de color celeste y con su puertita protectora se había vaciado en la parada lectora de Beltrán y Ghandi, un cruce importante en la zona.  Daba alegría ver que se había vaciado.

Pero en días pasados la bibliotequita de esa parada lectora fue vandalizada. Nuevamente, porque antes ya la habían roto. Ahora apareció quemada, negra de hollín las maderas, los libros desaparecidos en fuego y humo.

¿Quién o quiénes la quemaron? ¿Quiénes pueden sentirse enojados, molestos, ofendidos por unos libros disponibles públicamente, hasta el  punto de quemarlos? ¿Quieren impedir la lectura? ¿O qué están diciendo, qué quieren expresar?

Cuesta pensarlo y entenderlo desde quienes impulsan la lectura porque la aman y quieren compartirla lo más posible.  Duele, enoja y desconcierta. Y con estos sentimientos me acordé del docente e investigador Esteban Rodríguez Alzueta, que ha trabajado mucho sobre los jóvenes que viven en la pobreza de los barrios periféricos. Dice Alzueta que los jóvenes desprovistos de estabilidad, de familias, de trabajos y de futuros, pero sobre todo de reconocimiento y dignidad,  los buscan como sea: a veces peleando, a veces delinquiendo, lo que puede otorgarles además del botín respeto entre sus pares; otras veces enfrentando a la policía, o cometiendo actos que les darán identidad, una identidad, la que sea, si es violenta igual o mejor, entre el ninguneo y la invisibilidad en la que viven, y en la bronca, en la rabia.

¿Algunos de ellos habrán quemado las pequeñas bibliotecas de las paradas?

Rodríguez Alzueta se extiende y profundiza mucho más en sus artículos y libros, que se encuentran disponibles en la web. A mí me queda esa pregunta como búsqueda de explicación que comparto, tratando de comprender aunque no por eso deje de doler.  Y también queda la firme resolución de la Biblioteca Ekimoff de seguir reconstruyendo las paradas para que sigan siendo lectoras.