jueves

¿Qué arde en lo que se quema o se rompe?

 

Como mis allegados (y lectores) saben vivo en Alto Camet, uno de los barrios que rodean al Parque Camet, en la zona norte de Mar del Plata. Muy cerca de Las dalias, otro de esos barrios  cuya sociedad de fomento impulsa y abre espacio  a muchas actividades, además de las específicas barriales, o las acompaña. En esa sociedad de fomento funciona la Biblioteca popular Elena Ekimoff, que fue recuperada y es gestionada por vecinas y vecinos.

Entre muchas de sus tareas desde hace unos meses la biblioteca se propuso
establecer las “paradas lectoras”, la instalación de una pequeña biblioteca en paradas de colectivos del barrio y en el Parque con libros a disposición de quien los quiera, para grandes y chicos, circular o no. A veces tuve el gusto yo misma  de llevar libros para llenar la “bibliotequita” que de color celeste y con su puertita protectora se había vaciado en la parada lectora de Beltrán y Ghandi, un cruce importante en la zona.  Daba alegría ver que se había vaciado.

Pero en días pasados la bibliotequita de esa parada lectora fue vandalizada. Nuevamente, porque antes ya la habían roto. Ahora apareció quemada, negra de hollín las maderas, los libros desaparecidos en fuego y humo.

¿Quién o quiénes la quemaron? ¿Quiénes pueden sentirse enojados, molestos, ofendidos por unos libros disponibles públicamente, hasta el  punto de quemarlos? ¿Quieren impedir la lectura? ¿O qué están diciendo, qué quieren expresar?

Cuesta pensarlo y entenderlo desde quienes impulsan la lectura porque la aman y quieren compartirla lo más posible.  Duele, enoja y desconcierta. Y con estos sentimientos me acordé del docente e investigador Esteban Rodríguez Alzueta, que ha trabajado mucho sobre los jóvenes que viven en la pobreza de los barrios periféricos. Dice Alzueta que los jóvenes desprovistos de estabilidad, de familias, de trabajos y de futuros, pero sobre todo de reconocimiento y dignidad,  los buscan como sea: a veces peleando, a veces delinquiendo, lo que puede otorgarles además del botín respeto entre sus pares; otras veces enfrentando a la policía, o cometiendo actos que les darán identidad, una identidad, la que sea, si es violenta igual o mejor, entre el ninguneo y la invisibilidad en la que viven, y en la bronca, en la rabia.

¿Algunos de ellos habrán quemado las pequeñas bibliotecas de las paradas?

Rodríguez Alzueta se extiende y profundiza mucho más en sus artículos y libros, que se encuentran disponibles en la web. A mí me queda esa pregunta como búsqueda de explicación que comparto, tratando de comprender aunque no por eso deje de doler.  Y también queda la firme resolución de la Biblioteca Ekimoff de seguir reconstruyendo las paradas para que sigan siendo lectoras.

 

 

 

 

viernes

El señor Presidente

En su novela El señor Presidente (1946) el guatemalteco Miguel Ángel Asturias cuenta las condiciones y los efectos en la sociedad y en las personas de vivir bajo un gobierno dictatorial, basada muy probablemente  en el gobierno de Manuel Estrada Cabrera,  un auténtico modelo de  dictador. 

Me ha venido a la memoria porque en esa historia se remarcan los personajes que orbitan alrededor del  Presidente,  generales, ministros, empresarios, ricos amigotes,  variados obsecuentes que lo visitan en palacio en busca de favores, chupamedias sin necesidad pero con muchos deseos de serlo, o temerosos del sol enceguecedor que es el tirano.  Lo que siempre me acordé de esas descripciones eran los graves análisis ansiosos al retirarse del palacio presidencial  por interpretar qué quiso decir el señor Presidente  cuando dijo tal cosa o qué no dijo cuando sí dijo tal otra.

Me ha vuelto el recuerdo de ese cotilleo obsesivo de palacio, y por supuesto que salvando las distancias,  porque en estos tiempos los medios y muchos periodistas gastan minutos, horas y días,  bits,  ondas de diverso tipo, pantallas e incluso papel, contando una y otra vez las estridentes  peleas en el “Círculo de hierro”, las disputas  entre la Hermana y el Asesor,  el penúltimo rumor, los gritos más nuevos del señor Presidente, las perspectivas  si los troles se enojan mucho, poquito o al fin, nada, los equilibrios políticos en  las oficinas si pasa o pasara tal cosa, los que harían el bolsito si pasara tal otra, de dónde llega la información, qué cara tenía aquél, qué mirada le mandó aquella…

¿Y a nosotros qué?, me dan ganas de tirarles a la cara con una pelota bien pesada.  Me da infinito fastidio la actual manía de palacio, que escucha, interpreta, analiza las conversaciones, los diminutos intercambios, el rumor  dicho al oído, esa manía que no inocentemente cuenta incontables y estúpidas reyertas y arreglos una y otra vez para no contar lo que ocurre fuera de palacio, y entendiendo que adentro de él, en ese círculo de poder, reside todo. Sin que ninguna de las interminables roscas signifiquen algo, algún cambio,  para nosotros. 

 

miércoles

Alto Camet en mi poemario

Varios años y sucesos después de conocer y andar por Alto Camet terminan en este libro: el barrio de Mar del Plata adonde ahora vivo,  un barrio de cielo abierto, de mar tan cercano, de Parque Camet a un paso, y con sus calles, sus trabajos y sus vecinos, su pobreza...Alto Camet se merecía que le dejara estos versos que se fueron construyendo calle a calle, estación a estación, día a día de andarlo.  

Este poemario recibió mención especial en el 1er. Consurso de Poesía Néstor Perlongher, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, en 2024.

@garinisabel 

 En preventa hasta el 9/7/25

https://halleyediciones.com.ar/

@halleyediciones

 


 

jueves

Invierno

frío atardecer

malva el cielo

transparente

inmóvil el aire

helado

enciende fuegos

el corazón en casa,

ya en su encierro


            @garinisabel

 


domingo

Meteorología

hay una medialuna 

helada, escondida

en el cielo con nubes 

del anochecer

ladridos de perros

llovizna de a ratos

viento frío

y un ruego 

al cerrar los postigos: 


diosito, 

que mañana haya sol


@garinisabel


viernes

Eugenia, calmate de Carolina Bugnone

Acabo de leer Eugenia, calmate, de Carolina Bugnone, una historia que me dejó muy impresionada por el retrato de una vida que no halla satisfacción y que es lúcida respecto de su descontento, pero que no puede cambiarla, atrapada sin perspectivas como está.

Porque Eugenia no puede calmarse por más que se lo diga a sí misma o se lo pidan. Esa imposibilidad lleva el hilo de su historia, su agitación interna se revuelve en sus sueños, en su insomnio, en su trabajo de docente, en la convivencia con el marido sin amor y sin ninguna gracia. La exasperada Eugenia da vueltas por su disconformidad  sin encontrar un escape al hastío y al cansancio.

Pero encontrará una escapatoria perturbada: acercarse personal y afectivamente al ciruja que duerme y vive en la cuadra de su casa. La historia no es complaciente: el ciruja es tal, sucio, maloliente, a veces borracho.  Y de ahí en más Eugenia se deslizará en plano inclinado cayéndose del trabajo, del marido y de la hijita, con un punto culminante de atroz locura. 

A mí me pareció admirable cómo la novela mantiene los sueños y ensueños de Eugenia, sus diálogos, sus monólogos, sus visiones, en ese registro alucinado y fatal que va en crecimiento, y en el cual flotan la realidad y la alucinación sin distinciones.

Se me ocurre que tal vez Eugenia sea parienta de la vegetariana Yeong hye y como ella grite con su alteración el descontento con la vida que se ve obligada a llevar, una vida que no le abre ninguna puerta o camino nuevo que pueda seguir.

Esperas

 

Primero se oyen pájaros en la oscura espera

de que la espera se ilumine

con la luz del día,

la espera que espía por la ventana

una llegada,

la ansiosa espera en las pantallas,

la espera inmóvil de una fractura

y la inquieta espera

de la palabra médica,

la espera de los brotes

y de los exámenes,

el suceso venidero

que espera agazapado

para dar el salto,

la noticia tan esperada,

y al final

la larga espera de la vida

que florece en rosa negra,

tan acabada.

 

Isabel Garin

jueves

Sonámbulo

 No supo cuál era 

el pájaro que cantaba

ni aprendió el nombre

de los árboles

pero los oyó

traspasado de cantos

y los abrazó

tocando las cortezas,

sonámbulo y feliz.


Isabel Garin



miércoles

Tareas

resulta que hoy a la mañana
lo más importante para hacer
era limpiar las ventanas

y a la tarde comprar los plantines
tomates, chauchas , morrones
y varias aromáticas

resulta que aquí las ventanas
están llenas de cielo

y que la tierra negra del fondo
ejercerá su callada magia
cuando reciba las plantas

resulta que giré varios veces
en el día, bailando las tareas
de la jornada
                                                                                                                                  Isabel Garin


jueves

Estrellas cercanas

Ayer, tarde,  unos sonidos que venían de la noche me hicieron ir a mirar por la ventana de atrás. Y entonces vi  una multitud de estrellas que cruzaban el cielo. Eran propiamente las estrellas: de su tamaño, con su brillo titilante, con su aparente lejanía, pero mucho más cerca, muchísimo, al alcance de la mano. Cruzaban siseando el cielo del fondo de casa,  lentas, rayando la noche con su luz fría, seguras de su curso. Todas seguras menos una que pasó tan bajo que quedó enredada en la punta del pino que hay al fondo.

Hoy a la mañana con ayuda de un chico vecino que se trepó al pino, pudimos bajarla. Palpitaba. A la luz del sol  casi desaparece de la vista pero desde el atardecer brilla  parpadeante y blanco-azulada en la palma de la mano. La colgué de un hilo a la entrada de casa.






sábado

Mención a mi poemario Alto Camet cielo y tierra

Con alegría les cuento a las amigas y amigos que mi poemario Alto Camet cielo y tierra y otros poemas  recibió mención en este importante concurso.
Alto Camet es el barrio de Mar del Plata adonde vine a instalarme definitivamente hace muy poco. Esos versos nacieron de este barrio, y de la vida que corre en él y de cómo se deja ver y tocar. Otros poemas nacieron del inevitable mar y de otras circunstancias del vivir.
Me produce satisfacción además el reconocimiento a Alto Camet, un barrio periférico de Mar del Plata que al igual que otros parecidos es olvidado por las autoridades, y en donde las carencias están a la orden del día.
Gracias al jurado: Diana Bellesi, Roberta Iannamico y Sergio Raimondi, y a los jurados de preselección. 

El Instituto Cultural anuncia los ganadores del Concurso de Poesía Néstor Perlongher

Se dieron a conocer los resultados de la primera edición del certamen que busca dar a conocer las voces contemporáneas y las expresiones diversas de la Provincia. La premiación se dará en el marco del II Festival Bonaerense de Poesía.

El Instituto Cultural anuncia los ganadores del Concurso de Poesía Néstor Perlongher

El Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, a través de la Dirección Provincial de Promoción de la Lectura, realizó la primera edición del Concurso de Poesía Néstor Perlongher. Durante el certamen se presentaron 636 obras, correspondientes a poetas de 75 distritos bonaerenses. La entrega de premios se realizará el próximo sábado 9 de noviembre, a las 19:30, en el Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata (Av. 51 e/ 9 y 10).

El concurso tiene un gran legado histórico, lleva el nombre del poeta, escritor, periodista, sociólogo y militante LGTB Néstor Osvaldo Perlongher, nacido en Avellaneda en 1949 y que falleció el año 1992 en San Pablo, Brasil. Con ello la Provincia le rinde homenaje a una de las voces más destacadas de la poesía.

El jurado, compuesto por Diana Bellessi, Sergio Raimondi y Roberta Iannamico, seleccionó las obras que formarán parte de una publicación de Ediciones Bonaerenses, el sello de la Provincia de Buenos Aires. 

Los ganadores de esta primera edición son: José Luis Frasinetti, oriundo de General Belgrano, presentó su obra “Tierra Viva”; Luciana Maxit, de Mar de Ajó, con su obra “El Interurbano”; y Tomás Fernández, nacido en Pergamino, con la presentación de “Ultramundana”.

Menciones Especiales:

  • “Los amores imaginarios” (Imanol Guerschman, Morón);
  • “Elefante” (Alan Cabral, Lanús) 
  • “Parece que no hacemos nada” (María Macarena Peralta Confalonieri, Tandil) 
  • “Cosas que mueren de a poco” (Alina Moro, Lomas de Zamora)
  • “Alto camet, cielo y tierra y otros poemas” (María Isabel Garin, 25 de Mayo)
  • “La mujer que entiende el lenguaje de las plantas” (María Tamara Domenech, La Plata)
  • “El giro afectivo” (Florencia Bossié, La Plata)
  • “Hacia aquí hacia mí” (María Eugenia López, La Plata)
  • “Hacinado” (Ayrton Cuella, Lomas de Zamora)
  • “Formas de mirar tu ausencia” (María Virginia Caresani, Tres de Febrero)
  • “Sopa picada” (María Belén Aguirre, Vicente López)
  • “Una temporada en la luz” (Juan Fernando García, Necochea)
  • “Bajo hondo” (Gerónimo Sebastián Unibaso, Bahía Blanca)

En el marco del Plan de Fortalecimiento del Libro y la Lectura, el Instituto Cultural anunció también la segunda edición del Festival Bonaerense de Poesía que se desarrollará el 9 y 10 de noviembre en el Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata.

Este encuentro tiene como objetivo visibilizar la diversidad y la riqueza de la producción poética de la Provincia. Por segunda vez participarán grupos, proyectos y colectivos vinculados a la lectura, la escritura, la edición y el arte en general.

En una amplia grilla, están previstos homenajes a poetas de la Provincia de Buenos Aires como Roberto Juarroz, Aurora Venturini, María Elena Walsh y la fotógrafa Sara Facio y a autores desaparecidos durante la dictadura militar y una celebración especial a la palabra poética bonaerense. Podés conocer el cronograma en la página web del Instituto Cultural bonaerense.

La poesía es una de las expresiones fundamentales de todo el territorio y a lo largo de la historia proliferaron poetas de importantísima trayectoria como Aurora Venturini, Francisco López Merino, Alejandra Pizarnik, Ana Emilia Lahitte, Roberto Juarroz, Nestor Perlongher, María de Villarino, Leopoldo Lugones, José Hernandez, Horacio Castillo,  María Elena Walsh y  Atahualpa Yupanqui entre muchos/as. 

El Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires realizó la primera edición del Festival Bonaerense de Poesía en 2023 con la participación de más de 100 poetas bonaerenses y artistas invitados, feria de editoriales independientes, charlas, lecturas, performances, homenajes, shows musicales y talleres para las infancias. 

jueves

Mudanzas

Estoy preparando mi mudanza de Buenos Aires a Mar del Plata. Para empezarla, porque por algún lado hay que empezar, empiezo por los libros. Ocho años después de llegar adonde todavía vivo encuentro libros que olvidé que traje cuando vine, y que  me sorprende reencontrar.  Y están los que dejé en los estantes de arriba, esos a los que no llego si no me subo a una silla. En voz baja y en una broma que ellos, los libros, nunca oyeron, siempre les dije que los de allá arriba estaban castigados. Por mi desinterés de lo que tratan, por facilidad para olvidarlos, por estropicio del tiempo.

Me admira reencontrarme con libros que atesoré y que ahora no me importa guardar. Los habré atesorado por variadas razones más allá de la estricta lectura: porque me los regalaron, porque en algún momento se trataba o debatía mucho tal tema o tal autor, porque el autor estaba de moda, porque me recuerdan a alguien, porque me llegaron en “herencia” de otras mudanzas, y así. 

Y ¡ay! las ediciones baratas, cuyas hojas resecas y de color amarillo oscuro pareciera que van a quebrarse de nada, y cuya encuadernación no soporta una nueva apertura porque se desarma, como un ancianito que ya no pudiera hacer ni un esfuerzo más.

Y ¡oh! los que ahora están en Internet, esos clásicos españoles, aquellos Shakespears, los otros rusos, esos tesoros de la literatura universal, diría una solapa. Si están en la infinita web no los guardo impresos para mí, porque los leo en un dispositivo lector.

La mudanza de libros va tomando forma con esta selección en verdad negativa: selecciono los que no me llevaré. Llevo una colección de historia a una biblioteca vecina, llevo los estropeados irrecuperables a un contenedor para que sean reciclados, y al hacerlo justo pasa un chico cartonero al que le brillan los ojos por hacerse de esta buena carga de una sola vez.

Y miro ahora mi biblioteca más chica pero despejada y renovada, lista para mudarse: me gusta. Y me pregunto: ¿qué es lo que muda en una mudanza? Y me contesto: soy yo la que muda. Hago una mudanza interior al tirar, despejar, limpiar, hacer espacio, mover lo que estaba quieto y abrir lo que estaba cerrado.

 

sábado

Iba yo con mi bolsita de pan

Iba yo con mi bolsita de pan, una tira de miñones blancos y otra tira de miñones negros, rumbo a la parada del colectivo. A media cuadra de llegar,  por Plaza Rocha, un hombre joven me aborda. 

Señora - dice- me daría un poco de pan? 

Abro la bolsita y le doy.

Iba yo con mi bolsita de pan comprado en Chajamar rumbo a la parada del colectivo. Por Plaza Rocha un muchacho me aborda.

Señora, dice, me daría un poco de pan?  

Abro la bolsita y le doy.

Iba yo con mi bolsita de nailon blanco, llevando pan. Un hombre joven que estaba en Plaza Rocha me aborda.

Señora, me daría un poco de pan?

Abro la bolsa. Echa una mirada al 

interior pero no hay queso ni paleta. Le doy.

Iba yo con mi bolsita de pan, pan blanco y pan negro, crocante, del día, y por Plaza Rocha un muchacho me aborda.

Señora - dice - me daría un poco de pan?

Abro la bolsita y le doy.

Iba yo con mi pan del brazo, colgado, blanco y negro, transparente en su bolsita de nailon se adivina. Un hombre joven me aborda.

Señora,  me daría un poco de pan?

Abro la bolsita.  Le doy. Un poco de pan, blanco y negro.

Señora,  me daría un poco de pan?

Escrito sobre la harina abro mi pena y le doy. 




viernes

Amargos viajes


Ayer, viajando en el subte E, pasa por mi vagón primero un vendedor que lleva barras de cereales y paquetitos de caramelos en una caja  de cartón prolijamente cortada que tiene al frente su alias de Mercado Pago. Una chica le compra y con agilidad le transfiere el gasto. A continuación pasa una mujer joven con un bebé en brazos y una nena de unos 6 años con la que se distribuyen las filas de pasajeros vendiendo colitas y hebillas para el pelo. Luego pasa un hombre que parece grande aunque oculta la cara con la capucha de su campera arruinada: es un "faldero", los más pobres de los pobres que ni siquiera tienen algo para vender y dejan en la falda de los pasajeros un papelito mínimo, ya borroneado de tantos dedos,  con un pedido de ayuda: "por favor, puede ayudarme con algo gracias". 
Pero todavía faltará otro más, otro escalón de miseria que no tiene ni siquiera ese papelito para acercarse a pedir: un hombre de unos 40 años, sucio,  flaco, con la ropa harapienta, se para al frente y dice. Señores pasajeros, tenemos hambre. Les pido por favor que nos ayuden. Y lo dice con una voz clara y vibrante que suena por sobre el ruido del tren y de la distracción de cada uno. 
Amargos  los viajes en los trenes de hambrientos y desesperados. 


miércoles

La espera


Mi  amiga Rosario, que es ordenada y detallista, tiene  sobre un estante tres vasijas de barro puestas en hilera. Las pequeñas vasijas son de Jujuy, las trajo de un viaje a la Quebrada de Humahuaca, hace mucho. Tienen sus perfectas tapas que causa regocijo abrir y cerrar porque remiten a un recipiente grande  pero tienen tamaño de juguete. En una de ellas guarda monedas,  que ahora casi no tienen valor pero que a ella le gusta juntar. Si pasado el tiempo la vasija rebosa de monedas, las cuenta, las separa en paquetitos y las cambia en el autoservicio chino de la cuadra.

En otra de las vasijas Rosario guarda pequeños objetos punzantes. Son chinches con sus cabezas rojas, azules y verdes; alfileres,  clips variados y  clavos de diversos tamaños y tornillos de cuerpos torneados. Los clavos y los tornillos son sobrantes de arreglos que solo muy de tanto en tanto se hacen y Rosario no recuerda desde cuándo viven en la pequeña vasija, tanto tiempo llevan ahora sin ser utilizados. También hay ganchos muy malintencionados, con puntas filosas por sus dos extremos,  y dos clavos miguelito de recuerdo de remotas y duras manifestaciones en las que participó en su juventud. Cada vez que Rosario toca o abre esa vasija siente en la mano una aprensión táctil, dice, una sensación de que la misma  vasija es agresiva y filosa.

En la tercera vasija, Rosario guarda pequeños objetos inclasificables. Casi todos ellos extraviados, por ejemplo: una tapita con rosca que la desveló suponiendo que cerraba el conducto de algo importante que, sin tapar,  se desinflaría y desaparecería del universo; una extraña bolita metálica que barrió un día por sorpresa y  que corría por el  suelo con vida propia; lo que parece un topete clásico pero que después de probado en las patas de las sillas de su casa no correspondía a ninguna de ellas; tres cuentas de collar que también aparecieron debajo de muebles una mañana de limpieza pero que no son de ninguno de los suyos; una ruedita con el exterior metálico y el interior de goma;  una tapita cóncava,  y otra tapita convexa pero que no coincide con el tamaño de la cóncava (Rosario lo ha comprobado); una arandelita de bronce  cuyo sonido al caer ella escuchó claramente, desprendida de algún artefacto que no pudo identificar, y otros objetos diminutos que le causan una mezcla de curiosidad y de enojo, a veces por no poder reconocer sus orígenes y otras veces por no poder desprenderse de ellos sin más, tirarlos a la basura y listo, en la perseverante espera de que un día les encontrará su precisa ubicación en el caos de las cosas.

 

 

 

 

 

 

domingo

Dia de invierno en Alto Camet


 El domingo helado en Alto Camet se moja además con chaparrones despiadados. Barro y frío.  Pero un gatito gracioso, blanco y negro, se aparece en la vereda a saludarnos,  y al atardecer una luna apenas creciente adorna el cielo de ámbar traslúcido, ya limpio de nubarrones. 

jueves

Bebé



Voy sentada en el 132 cuando suben  una mamá con su bebé y una amiga. La mamá con su bebé se sientan al lado mío. La bebé es hermosa y muy dada. Enseguida me mira como llamándome y  me toca el brazo con su manito. Yo le sonrío, le digo “holaaa” de la manera que los adultos usamos para hablarle a los bebés. La mamá le aparta la mano y le dice “no molestes a la señora”, yo digo “no es molestia, para nada”, y le ofrezco el pulgar a la chiquita, que enseguida me lo agarra con sus deditos.

Observado por la madre que la hijita no me molesta, se vuelve a charlar con la amiga que va parada al lado. Yo me quedo jugando con la beba. Me cerró el pulgar y sin soltarlo ahora jugamos a hacer un balanceo con el dedo y la mano. A izquierda y a derecha, no me lo suelta, cierra con fuerza sus deditos sobre mi pulgar derecho. Con mucha fuerza. Me llama la atención la fuerza que tiene. Parece que el juego del balanceo la divierte, me hace unas sonrisitas muy graciosas. Mientras, me aprieta el dedo cada vez más. ¿De dónde saca tanta fuerza? Ahora deja de sonreír y me clava una mirada…que no parece de bebé. Quiero soltarme porque ya jugamos, ya está bien,  y porque me resultan rara esa mirada y la fuerza que tiene.

Detengo el movimiento de la mano y la observo. No me suelta el pulgar y le brillan los ojos. Creo que se está divirtiendo. Sacudo la mano con fuerza pero no la libero. Estoy asombrada.

La mamá sigue charlando con la amiga. La beba me aprieta tanto que ahora me hace doler. ¿Cómo es posible? Levanto mi mano izquierda para retirar la suya agarrándola de la muñequita regordeta, y entonces me adivina la intención: me aprieta con todas sus fuerzas, veo atónita cómo tensiona la mano y el bracito, y hasta la cara. Yo siento agujas en mi dedo tan intensas que casi me hacen gritar y tan profundas que me llegan al hueso. Y entonces escucho y siento “crack” el hueso del pulgar. Crack.

Y en ese momento la amiga dice “bajamos acá” y la mamá se para con su bebé. La beba me mira por sobre el hombro de la madre. La mirada le brilla.

A mí me cuelga el pulgar.

lunes

Buzones


Un buzón ya histórico todavía vivo, de pie,  en la era de las comunicaciones digitales,  en Viamonte y Riobamba, Buenos Aires. Lo veo y me da ternura: cuando el buzón trabajaba enviar y recibir cartas en papel tenía mucho de auténtico y de próximo, aunque hubiera que esperar días o meses el intercambio postal. Ahora que lo pienso, aquel intercambio parecía más simplemente humano, con eso de escribir con tinta y con el trazo de cada uno sobre una hoja, y luego despachar la carta material. Recuerdo dónde habían algunos buzones  rojos en Veinticinco de Mayo, mi pueblo, y también que me daba curiosidad ver el trabajo del cartero que los abría y recogía la correspondencia que hubiera, ¡con estampillado! y que yo estaba  a la pesca para  ver a alguno cuando lo estuviera haciendo. El interior del buzón tenía algo de mágico para mí.  ¿Será  un homenaje la flor dibujada?

Pero en este momento escribo este post con teclado y con la misma letra para todos que concede Facebook,  y con la inmediatez desaforada de estos tiempos. Que no tiene retrocesos. Pero que para los correos electrónicos tuvo que  dar  el nombre de Buzón, como el de aquellos rojos que recibían cartas en papel,  porque otro más ajustado para la función no había. 



 

sábado

Un hombre dormido

 


Estoy soñando que escucho mi respiración. Mi respiración suena acompasada y nítida, como si yo estuviera respirándome a mi propio oído. Qué clara la escucho. El sonido de mi respiración tira de mí, tira y tira y me arrastra sacándome del sueño.

Todavía a oscuras me  incorporo. Sigo escuchando  la  respiración pero de pronto advierto que no soy yo la que respira con ese sonido nítido. ¿Sigo soñando?  No, ya no estoy soñando, ahora estoy bien despierta.

Enciendo la luz y entonces lo veo: en la cama de al lado hay un hombre dormido que respira profundo con la mayor de las calmas. El descubrimiento me hace gritar con todas mis fuerzas,  me sale un grito de sorpresa y miedo… pero sin ningún sonido, un grito aterrado y silencioso.  Enseguida me duele la garganta, las cuerdas vocales forzadas al máximo pero sin resultado. Siento un mareo. Cuando pasa, una catarata de preguntas se me derrama: ¿cómo entró a la casa?,  ¿cómo no escuché nada?, ¿quién es?, ¿cómo está aquí, durmiendo en mi pieza?

Vuelvo a mirarlo. Como no hubo grito no se despertó y sigue durmiendo en el mejor de los mundos. Lo observo:  está vestido pero se descalzó y dejó las zapatillas, unas Adidas ya muy usadas, una junto a la otra ordenadas en el suelo, y al lado un bolsito de color azul también muy usado. Duerme de costado, un pie sobre el empeine del otro, una rodilla sobre la otra, el brazo de arriba extendido sobre la cadera y el de abajo cruzado sobre el pecho. Tendrá unos 50 años, los pómulos marcados, el pelo oscuro con entradas, y aspecto de reponerse de un trabajo físico que lo ha cansado mucho. Me detengo en la expresión: tiene una media sonrisa, leve, ahora mismo está soñando.

Me quedo mirándolo: me da pena despertarlo. No lo molestó la luz ni lo sacó del sueño mi observación fija y fascinada, y parece que entró nada más que a dormir… Me viene un bostezo. Apago la luz, me doy vuelta y me acomodo la frazada que me tape bien la espalda.

jueves

De la vida en Alto Camet, Mar del Plata, este poema mío

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