lunes

Una violación en los 60, según Saer

 En la novela La vuelta completa (1966) Juan José Saer deja establecidas unas líneas centrales de casi todas sus obras: la objetividad narrativa con la que muestra a sus personajes y a estos personajes, los mismos que volverán a vivir en muchas de sus novelas: Rey, Tomatis, Barco y otros. También a “la ciudad”, la ciudad de Santa Fe, que es casi siempre donde se desarrollan minuciosamente, en detalle, las historias.

Pero lo que quería comentar de La vuelta completa es un fragmento que muestra la relación entre Pancho y Beba, un ejemplo patente de cambio de paradigma que ahora se lee muy diferente que a principios de los 60, cuando fue escrita. Pancho Expósito es un joven profesor de literatura que no encuentra sentido a su existencia, que es incapaz de amar y que vive con sus padres, con sus amigos y con la novia Dora unos vínculos de desapego afectivo, formales y distantes.  También  lleva adelante su trabajo docente  con desapego e ironía.
Beba es una chica de diecisiete años, prima de Dora, la novia de Pancho. En una circunstancia en que Pancho y Beba se hallan solos en una casa él la viola. Me dejó absorta el relato de la escena, que Saer muestra de manera objetiva y fría: él la toma por la fuerza, es decir la viola, mientras ella llora, declama patéticamente “no, no”, y recibe varias bofetadas para quedar sometida. Terminado el hecho, Beba se levanta y se dirige a la cocina a preparar mate. Pancho la sigue luego de distraerse un rato con un mazo de cartas y como ella permanece en silencio mientras calienta el agua, sin hablarle, él le pega otra tremenda bofetada que la arroja contra una pared. Un rato después de que ella le haya cebado varios mates,  ambos arreglan salir juntos el día siguiente.

Esa forma de vivir lo que era una violación brutal como una  demostración de legítimo interés de un hombre por una mujer necesitó varias décadas y mucha lucha para que se la entendiera como lo que es, incluso por las mismas  mujeres.  Minimizar y disculpar la violación, aceptarla equívocamente, tragarse también otras violencias sin dar respuesta,  y aceptar a continuación una salida de común acuerdo parece increíble hoy. ¿No?

domingo

Robo y daños en la plaza comunitaria de Parque Camet

 

Ayer la Ecoasamblea de Parque Camet (en Mar del Plata) se reunió como todos los sábados en la placita comunitaria  que creó y mantiene en el parque.  Entonces hizo un descubrimiento triste: habían robado un banco,  faltaba la caja-biblioteca que instaló la Biblioteca Ekimoff dejando pelado el poste, la compostera estaba reducida  a unas pocas tablas porque también le habían sacado partes, y varios faltantes más o roturas en otros muebles de plaza. Hay que recordar que todo el mobiliario de la placita está hecho con donaciones de pallets, con postes de alumbrado en desuso o con tambores de cables y recubrimientos de cerámicas en las mesas, fabricado por los mismos vecinos de la asamblea. 

La suposición general es que los robaron para utilizar la madera como leña. En el invierno destemplado de la costa, en las heladas casas sin reboque adonde entra el chiflete de agosto sin pedir permiso, en el frío de las cocinas con tan poco o tan malo que cocinar, en la falta de sostenes sociales y de vínculos comunitarios, robar o dañar lo que se habrá entendido como madera al alcance fácil sin ninguna consideración colectiva, lo explicaría. 

Que lo explique no significa que se disculpe o se justifique. Por lo pronto, ayer mismo se comenzó a reparar o instalar algunos de los faltantes, tarea  que se continuará el próximo sábado porque como dice la canción "si se derrumba yo lo reconstruyo". 





lunes

Selva y olvido

 Hará unos veinte días mataron a un hombre  a la vuelta de mi casa. Yo no lo supe en su momento, no escuché los ruidos que tal vez haya hecho su crimen, no recuerdo si estaba en mi casa cuando ocurrió, a la vuelta de donde ocurrió, y ningún vecino me hizo algún comentario. Lo supe después por la noticia en un portal, que decía que el motivo fue el ruidoso escape de la moto y tal vez el enfrentamiento que ya tenían el asesino y el asesinado.

Pasó. Como esas selvas por las que hay que abrirse camino a machetazos y que se cierra detrás de uno no más pasar, la vida se cerró detrás del crimen. La vida del barrio siguió con sus días fríos y nublados, con sus árboles podados y con los chicos que van a la escuela. No conocí a aquel hombre  y no registré cómo se llamaba según la nota del portal. Pura selva cerrada. Tal vez apenas aparece un eco débil como estas líneas que registran más el olvido que el hecho en sí.



 

viernes

Niña con ángel sin guarda

La nena tendrá unos cinco años. Ha entrado al bar y se desliza entre las mesas, se para al lado de cada una  con unas estampitas en la mano, sin hablar. Habla con los ojos.  Cuando se me acerca y veo la estampita que me deja, con una oración al ángel de la guarda, me viene un viejo recuerdo de mi niñez cuando me daba desconfianza y temor que un ángel estuviera detrás mío todo el tiempo,  por más que me dijeran que era para cuidar de mí. No me gustaba nada no poder verlo y tenerlo ahí, a mis espaldas. Se decía que si uno giraba rápidamente hacia atrás se lo podría ver.  Más o menos como aquello de tirar sal a la cola de los pajaritos para cazarlos.

La estampa tiene un dibujo antiguo, con vestimentas y escena de otra época, y la oración reza en castellano castizo. Le pregunto a la nena si sabe de su ángel de la guarda pero con los ojos me responde que no, que ni idea. Tal vez ni siquiera habrá prestado atención al dibujo.

Le recibo la estampita, le doy algo,  y entonces sin despegar los labios me agradece con una efímera sonrisita de alegría. Cuando se va, la chica del bar le regala una medialuna. Agradece también, tan pequeña y silenciosa, y con trabajo porque en una manito lleva la medialuna y en la otra las estampitas, abre la puerta y sale a la calle gris y destemplada de Mar del Plata. 

sábado

Coordenadas

Me hallo bajo el techo de mi casa. Arriba, llueve. Más arriba, arriba de las nubes que ahora se dejan caer, debe brillar el sol. Pero acá abajo hace días que el sol está ausente. Deja pasar su luz, una luz gris y pálida, que al mediodía se vuelve blanca sin matices.

Más arriba todavía están las estrellas. Puedo determinar cuáles son en este mismo momento, de día y lluvioso, con la aplicación Stellarium. La aplicación me ubicará en dónde estoy parada yo en el planeta: aproximadamente 37º56’S-37º57’O. Y podré girar el firmamento en la pantallita, el firmamento a mi alrededor conmigo como centro. Compararlo con el que veo arriba, en el cielo negro del cosmos, aprender los nombres de las estrellas, visualizar planetas y galaxias.

Las coordenadas de mi ubicación son tan precisas como las que llevaron al misil que Estados Unidos arrojó sobre una escuela en la ciudad de Minab, en Irán. Ciego y destructor cayó el misil sobre las vidas de niñas y maestras, sin saber nada más que las coordenadas a las que llegaría: 27°6′35.4″N 57°5′05.1″E

En mi casa segura, bajo la lluvia que musicaliza el techo de chapas, sé que arriba de la tormenta está el sol. Y sé también con la misma lucidez que mis coordenadas en Mar del Plata pueden establecerse con tanta exactitud como las de Minab. Todo alrededor del planeta aparecen en pantallas, en los mapas de Google y bajo los  ojos de los que crean las coordenadas de los ataques. 


jueves

Las lluvias y la espera

 

Llueve intermitentemente desde hace varios días. Si no llueve llovizna  y entre una y otra, cuando el agua que cae del cielo se detiene un rato,  se siente el aire traspasado de humedad. Se lucen unas perlas colgantes de los aleros, las hojas de las plantas sostienen  unas gotas grandes de belleza traslúcida, y bajo el pasto la tierra no termina de absorber tanta agua.

En mi exvida del centro de la ciudad la humedad era solo atmosférica. Y bien molesta que era. Pero las lluvias no dejaban perlas sobre el pasto ni bajo él la vida secreta de las lombrices, o a mí no se me revelaban porque no hay perlas ni lombrices sobre el asfalto. Y era muy raro descubrir el arco iris entre los edificios al contrario que aquí, en Alto Camet de Mar del Plata,  que cruza abiertamente el cielo con su semicírculo de delicado esplendor.

Mis plantas están hinchadas de agua. Ellas y yo esperamos el fin de la lluvia, el viento sur que seca y enfría,  y la reaparición del sol que hará brillar las hojas limpias y reverdecidas y a mí hacerme caminar sobre la tierra que se seca a buscar el horizonte, allá, donde se traza sobre el confín del mar.


lunes

Venezuela en el jardín


 Pasaron los días de las fiestas y mi jardín y mi pequeña huerta las pasaron esperándome a que les diera más atención de la mínima que les ofrecí por esos días. Los yuyos, la sed, los bichos, no festejaron nada, no se distrajeron con brindis y reuniones.

Así que esta mañana fui a hacerme cargo. Estaba hermosa la mañana de verano, con cielo azul y con una brisa suave.  Agradecí poder ocuparme de la pequeña tierra a mi disposición para tratar de que, haciendo,  las manos me llevaran a olvidar por un rato el nefasto 3 de enero de Venezuela.

Pero no fue posible. Recorté los canteros sobre los que avanza la gramilla y Venezuela volvía. Saqué yuyos con la azada y con la mano y volvía Venezuela. Trasplanté un romero y Venezuela volvía. Preparé la tierra para un almácigo y volvía Venezuela. Observé el revés de las hojas de los tomates y Venezuela volvía. Volvía, volvía, volvía…

Como un monstruo perseverante que obliga a cada uno a que lo mire a los ojos sin distracción, así volvía. Y bueno, si así lo ha querido así será... En Latinoamérica va a sobrar indignación, ira y ganas de rechazar yanquis infinitamente. Se revisan las herramientas, se alista la palabra, se orienta la energía. Se recuenta el afecto de los latinoamericanos que sufrimos golpes, asesinatos, exilios, saqueos, inolvidable memoria desgraciada del S.XX, y nos acercamos más entre nosotros. De monstruos sabemos mucho, y de resistirlos también.

jueves

¿Qué arde en lo que se quema o se rompe?

 

Como mis allegados (y lectores) saben vivo en Alto Camet, uno de los barrios que rodean al Parque Camet, en la zona norte de Mar del Plata. Muy cerca de Las dalias, otro de esos barrios  cuya sociedad de fomento impulsa y abre espacio  a muchas actividades, además de las específicas barriales, o las acompaña. En esa sociedad de fomento funciona la Biblioteca popular Elena Ekimoff, que fue recuperada y es gestionada por vecinas y vecinos.

Entre muchas de sus tareas desde hace unos meses la biblioteca se propuso
establecer las “paradas lectoras”, la instalación de una pequeña biblioteca en paradas de colectivos del barrio y en el Parque con libros a disposición de quien los quiera, para grandes y chicos, circular o no. A veces tuve el gusto yo misma  de llevar libros para llenar la “bibliotequita” que de color celeste y con su puertita protectora se había vaciado en la parada lectora de Beltrán y Ghandi, un cruce importante en la zona.  Daba alegría ver que se había vaciado.

Pero en días pasados la bibliotequita de esa parada lectora fue vandalizada. Nuevamente, porque antes ya la habían roto. Ahora apareció quemada, negra de hollín las maderas, los libros desaparecidos en fuego y humo.

¿Quién o quiénes la quemaron? ¿Quiénes pueden sentirse enojados, molestos, ofendidos por unos libros disponibles públicamente, hasta el  punto de quemarlos? ¿Quieren impedir la lectura? ¿O qué están diciendo, qué quieren expresar?

Cuesta pensarlo y entenderlo desde quienes impulsan la lectura porque la aman y quieren compartirla lo más posible.  Duele, enoja y desconcierta. Y con estos sentimientos me acordé del docente e investigador Esteban Rodríguez Alzueta, que ha trabajado mucho sobre los jóvenes que viven en la pobreza de los barrios periféricos. Dice Alzueta que los jóvenes desprovistos de estabilidad, de familias, de trabajos y de futuros, pero sobre todo de reconocimiento y dignidad,  los buscan como sea: a veces peleando, a veces delinquiendo, lo que puede otorgarles además del botín respeto entre sus pares; otras veces enfrentando a la policía, o cometiendo actos que les darán identidad, una identidad, la que sea, si es violenta igual o mejor, entre el ninguneo y la invisibilidad en la que viven, y en la bronca, en la rabia.

¿Algunos de ellos habrán quemado las pequeñas bibliotecas de las paradas?

Rodríguez Alzueta se extiende y profundiza mucho más en sus artículos y libros, que se encuentran disponibles en la web. A mí me queda esa pregunta como búsqueda de explicación que comparto, tratando de comprender aunque no por eso deje de doler.  Y también queda la firme resolución de la Biblioteca Ekimoff de seguir reconstruyendo las paradas para que sigan siendo lectoras.

 

 

 

 

viernes

El señor Presidente

En su novela El señor Presidente (1946) el guatemalteco Miguel Ángel Asturias cuenta las condiciones y los efectos en la sociedad y en las personas de vivir bajo un gobierno dictatorial, basada muy probablemente  en el gobierno de Manuel Estrada Cabrera,  un auténtico modelo de  dictador. 

Me ha venido a la memoria porque en esa historia se remarcan los personajes que orbitan alrededor del  Presidente,  generales, ministros, empresarios, ricos amigotes,  variados obsecuentes que lo visitan en palacio en busca de favores, chupamedias sin necesidad pero con muchos deseos de serlo, o temerosos del sol enceguecedor que es el tirano.  Lo que siempre me acordé de esas descripciones eran los graves análisis ansiosos al retirarse del palacio presidencial  por interpretar qué quiso decir el señor Presidente  cuando dijo tal cosa o qué no dijo cuando sí dijo tal otra.

Me ha vuelto el recuerdo de ese cotilleo obsesivo de palacio, y por supuesto que salvando las distancias,  porque en estos tiempos los medios y muchos periodistas gastan minutos, horas y días,  bits,  ondas de diverso tipo, pantallas e incluso papel, contando una y otra vez las estridentes  peleas en el “Círculo de hierro”, las disputas  entre la Hermana y el Asesor,  el penúltimo rumor, los gritos más nuevos del señor Presidente, las perspectivas  si los troles se enojan mucho, poquito o al fin, nada, los equilibrios políticos en  las oficinas si pasa o pasara tal cosa, los que harían el bolsito si pasara tal otra, de dónde llega la información, qué cara tenía aquél, qué mirada le mandó aquella…

¿Y a nosotros qué?, me dan ganas de tirarles a la cara con una pelota bien pesada.  Me da infinito fastidio la actual manía de palacio, que escucha, interpreta, analiza las conversaciones, los diminutos intercambios, el rumor  dicho al oído, esa manía que no inocentemente cuenta incontables y estúpidas reyertas y arreglos una y otra vez para no contar lo que ocurre fuera de palacio, y entendiendo que adentro de él, en ese círculo de poder, reside todo. Sin que ninguna de las interminables roscas signifiquen algo, algún cambio,  para nosotros. 

 

miércoles

Alto Camet en mi poemario

Varios años y sucesos después de conocer y andar por Alto Camet terminan en este libro: el barrio de Mar del Plata adonde ahora vivo,  un barrio de cielo abierto, de mar tan cercano, de Parque Camet a un paso, y con sus calles, sus trabajos y sus vecinos, su pobreza...Alto Camet se merecía que le dejara estos versos que se fueron construyendo calle a calle, estación a estación, día a día de andarlo.  

Este poemario recibió mención especial en el 1er. Consurso de Poesía Néstor Perlongher, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, en 2024.

@garinisabel 

 En preventa hasta el 9/7/25

https://halleyediciones.com.ar/

@halleyediciones

 


 

jueves

Invierno

frío atardecer

malva el cielo

transparente

inmóvil el aire

helado

enciende fuegos

el corazón en casa,

ya en su encierro


            @garinisabel

 


domingo

Meteorología

hay una medialuna 

helada, escondida

en el cielo con nubes 

del anochecer

ladridos de perros

llovizna de a ratos

viento frío

y un ruego 

al cerrar los postigos: 


diosito, 

que mañana haya sol


@garinisabel


viernes

Eugenia, calmate de Carolina Bugnone

Acabo de leer Eugenia, calmate, de Carolina Bugnone, una historia que me dejó muy impresionada por el retrato de una vida que no halla satisfacción y que es lúcida respecto de su descontento, pero que no puede cambiarla, atrapada sin perspectivas como está.

Porque Eugenia no puede calmarse por más que se lo diga a sí misma o se lo pidan. Esa imposibilidad lleva el hilo de su historia, su agitación interna se revuelve en sus sueños, en su insomnio, en su trabajo de docente, en la convivencia con el marido sin amor y sin ninguna gracia. La exasperada Eugenia da vueltas por su disconformidad  sin encontrar un escape al hastío y al cansancio.

Pero encontrará una escapatoria perturbada: acercarse personal y afectivamente al ciruja que duerme y vive en la cuadra de su casa. La historia no es complaciente: el ciruja es tal, sucio, maloliente, a veces borracho.  Y de ahí en más Eugenia se deslizará en plano inclinado cayéndose del trabajo, del marido y de la hijita, con un punto culminante de atroz locura. 

A mí me pareció admirable cómo la novela mantiene los sueños y ensueños de Eugenia, sus diálogos, sus monólogos, sus visiones, en ese registro alucinado y fatal que va en crecimiento, y en el cual flotan la realidad y la alucinación sin distinciones.

Se me ocurre que tal vez Eugenia sea parienta de la vegetariana Yeong hye y como ella grite con su alteración el descontento con la vida que se ve obligada a llevar, una vida que no le abre ninguna puerta o camino nuevo que pueda seguir.

Esperas

 

Primero se oyen pájaros en la oscura espera

de que la espera se ilumine

con la luz del día,

la espera que espía por la ventana

una llegada,

la ansiosa espera en las pantallas,

la espera inmóvil de una fractura

y la inquieta espera

de la palabra médica,

la espera de los brotes

y de los exámenes,

el suceso venidero

que espera agazapado

para dar el salto,

la noticia tan esperada,

y al final

la larga espera de la vida

que florece en rosa negra,

tan acabada.

 

Isabel Garin

jueves

Sonámbulo

 No supo cuál era 

el pájaro que cantaba

ni aprendió el nombre

de los árboles

pero los oyó

traspasado de cantos

y los abrazó

tocando las cortezas,

sonámbulo y feliz.


Isabel Garin



miércoles

Tareas

resulta que hoy a la mañana
lo más importante para hacer
era limpiar las ventanas

y a la tarde comprar los plantines
tomates, chauchas , morrones
y varias aromáticas

resulta que aquí las ventanas
están llenas de cielo

y que la tierra negra del fondo
ejercerá su callada magia
cuando reciba las plantas

resulta que giré varios veces
en el día, bailando las tareas
de la jornada
                                                                                                                                  Isabel Garin


jueves

Estrellas cercanas

Ayer, tarde,  unos sonidos que venían de la noche me hicieron ir a mirar por la ventana de atrás. Y entonces vi  una multitud de estrellas que cruzaban el cielo. Eran propiamente las estrellas: de su tamaño, con su brillo titilante, con su aparente lejanía, pero mucho más cerca, muchísimo, al alcance de la mano. Cruzaban siseando el cielo del fondo de casa,  lentas, rayando la noche con su luz fría, seguras de su curso. Todas seguras menos una que pasó tan bajo que quedó enredada en la punta del pino que hay al fondo.

Hoy a la mañana con ayuda de un chico vecino que se trepó al pino, pudimos bajarla. Palpitaba. A la luz del sol  casi desaparece de la vista pero desde el atardecer brilla  parpadeante y blanco-azulada en la palma de la mano. La colgué de un hilo a la entrada de casa.






sábado

Mención a mi poemario Alto Camet cielo y tierra

Con alegría les cuento a las amigas y amigos que mi poemario Alto Camet cielo y tierra y otros poemas  recibió mención en este importante concurso.
Alto Camet es el barrio de Mar del Plata adonde vine a instalarme definitivamente hace muy poco. Esos versos nacieron de este barrio, y de la vida que corre en él y de cómo se deja ver y tocar. Otros poemas nacieron del inevitable mar y de otras circunstancias del vivir.
Me produce satisfacción además el reconocimiento a Alto Camet, un barrio periférico de Mar del Plata que al igual que otros parecidos es olvidado por las autoridades, y en donde las carencias están a la orden del día.
Gracias al jurado: Diana Bellesi, Roberta Iannamico y Sergio Raimondi, y a los jurados de preselección. 

El Instituto Cultural anuncia los ganadores del Concurso de Poesía Néstor Perlongher

Se dieron a conocer los resultados de la primera edición del certamen que busca dar a conocer las voces contemporáneas y las expresiones diversas de la Provincia. La premiación se dará en el marco del II Festival Bonaerense de Poesía.

El Instituto Cultural anuncia los ganadores del Concurso de Poesía Néstor Perlongher

El Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, a través de la Dirección Provincial de Promoción de la Lectura, realizó la primera edición del Concurso de Poesía Néstor Perlongher. Durante el certamen se presentaron 636 obras, correspondientes a poetas de 75 distritos bonaerenses. La entrega de premios se realizará el próximo sábado 9 de noviembre, a las 19:30, en el Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata (Av. 51 e/ 9 y 10).

El concurso tiene un gran legado histórico, lleva el nombre del poeta, escritor, periodista, sociólogo y militante LGTB Néstor Osvaldo Perlongher, nacido en Avellaneda en 1949 y que falleció el año 1992 en San Pablo, Brasil. Con ello la Provincia le rinde homenaje a una de las voces más destacadas de la poesía.

El jurado, compuesto por Diana Bellessi, Sergio Raimondi y Roberta Iannamico, seleccionó las obras que formarán parte de una publicación de Ediciones Bonaerenses, el sello de la Provincia de Buenos Aires. 

Los ganadores de esta primera edición son: José Luis Frasinetti, oriundo de General Belgrano, presentó su obra “Tierra Viva”; Luciana Maxit, de Mar de Ajó, con su obra “El Interurbano”; y Tomás Fernández, nacido en Pergamino, con la presentación de “Ultramundana”.

Menciones Especiales:

  • “Los amores imaginarios” (Imanol Guerschman, Morón);
  • “Elefante” (Alan Cabral, Lanús) 
  • “Parece que no hacemos nada” (María Macarena Peralta Confalonieri, Tandil) 
  • “Cosas que mueren de a poco” (Alina Moro, Lomas de Zamora)
  • “Alto camet, cielo y tierra y otros poemas” (María Isabel Garin, 25 de Mayo)
  • “La mujer que entiende el lenguaje de las plantas” (María Tamara Domenech, La Plata)
  • “El giro afectivo” (Florencia Bossié, La Plata)
  • “Hacia aquí hacia mí” (María Eugenia López, La Plata)
  • “Hacinado” (Ayrton Cuella, Lomas de Zamora)
  • “Formas de mirar tu ausencia” (María Virginia Caresani, Tres de Febrero)
  • “Sopa picada” (María Belén Aguirre, Vicente López)
  • “Una temporada en la luz” (Juan Fernando García, Necochea)
  • “Bajo hondo” (Gerónimo Sebastián Unibaso, Bahía Blanca)

En el marco del Plan de Fortalecimiento del Libro y la Lectura, el Instituto Cultural anunció también la segunda edición del Festival Bonaerense de Poesía que se desarrollará el 9 y 10 de noviembre en el Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata.

Este encuentro tiene como objetivo visibilizar la diversidad y la riqueza de la producción poética de la Provincia. Por segunda vez participarán grupos, proyectos y colectivos vinculados a la lectura, la escritura, la edición y el arte en general.

En una amplia grilla, están previstos homenajes a poetas de la Provincia de Buenos Aires como Roberto Juarroz, Aurora Venturini, María Elena Walsh y la fotógrafa Sara Facio y a autores desaparecidos durante la dictadura militar y una celebración especial a la palabra poética bonaerense. Podés conocer el cronograma en la página web del Instituto Cultural bonaerense.

La poesía es una de las expresiones fundamentales de todo el territorio y a lo largo de la historia proliferaron poetas de importantísima trayectoria como Aurora Venturini, Francisco López Merino, Alejandra Pizarnik, Ana Emilia Lahitte, Roberto Juarroz, Nestor Perlongher, María de Villarino, Leopoldo Lugones, José Hernandez, Horacio Castillo,  María Elena Walsh y  Atahualpa Yupanqui entre muchos/as. 

El Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires realizó la primera edición del Festival Bonaerense de Poesía en 2023 con la participación de más de 100 poetas bonaerenses y artistas invitados, feria de editoriales independientes, charlas, lecturas, performances, homenajes, shows musicales y talleres para las infancias. 

jueves

Mudanzas

Estoy preparando mi mudanza de Buenos Aires a Mar del Plata. Para empezarla, porque por algún lado hay que empezar, empiezo por los libros. Ocho años después de llegar adonde todavía vivo encuentro libros que olvidé que traje cuando vine, y que  me sorprende reencontrar.  Y están los que dejé en los estantes de arriba, esos a los que no llego si no me subo a una silla. En voz baja y en una broma que ellos, los libros, nunca oyeron, siempre les dije que los de allá arriba estaban castigados. Por mi desinterés de lo que tratan, por facilidad para olvidarlos, por estropicio del tiempo.

Me admira reencontrarme con libros que atesoré y que ahora no me importa guardar. Los habré atesorado por variadas razones más allá de la estricta lectura: porque me los regalaron, porque en algún momento se trataba o debatía mucho tal tema o tal autor, porque el autor estaba de moda, porque me recuerdan a alguien, porque me llegaron en “herencia” de otras mudanzas, y así. 

Y ¡ay! las ediciones baratas, cuyas hojas resecas y de color amarillo oscuro pareciera que van a quebrarse de nada, y cuya encuadernación no soporta una nueva apertura porque se desarma, como un ancianito que ya no pudiera hacer ni un esfuerzo más.

Y ¡oh! los que ahora están en Internet, esos clásicos españoles, aquellos Shakespears, los otros rusos, esos tesoros de la literatura universal, diría una solapa. Si están en la infinita web no los guardo impresos para mí, porque los leo en un dispositivo lector.

La mudanza de libros va tomando forma con esta selección en verdad negativa: selecciono los que no me llevaré. Llevo una colección de historia a una biblioteca vecina, llevo los estropeados irrecuperables a un contenedor para que sean reciclados, y al hacerlo justo pasa un chico cartonero al que le brillan los ojos por hacerse de esta buena carga de una sola vez.

Y miro ahora mi biblioteca más chica pero despejada y renovada, lista para mudarse: me gusta. Y me pregunto: ¿qué es lo que muda en una mudanza? Y me contesto: soy yo la que muda. Hago una mudanza interior al tirar, despejar, limpiar, hacer espacio, mover lo que estaba quieto y abrir lo que estaba cerrado.

 

sábado

Iba yo con mi bolsita de pan

Iba yo con mi bolsita de pan, una tira de miñones blancos y otra tira de miñones negros, rumbo a la parada del colectivo. A media cuadra de llegar,  por Plaza Rocha, un hombre joven me aborda. 

Señora - dice- me daría un poco de pan? 

Abro la bolsita y le doy.

Iba yo con mi bolsita de pan comprado en Chajamar rumbo a la parada del colectivo. Por Plaza Rocha un muchacho me aborda.

Señora, dice, me daría un poco de pan?  

Abro la bolsita y le doy.

Iba yo con mi bolsita de nailon blanco, llevando pan. Un hombre joven que estaba en Plaza Rocha me aborda.

Señora, me daría un poco de pan?

Abro la bolsa. Echa una mirada al 

interior pero no hay queso ni paleta. Le doy.

Iba yo con mi bolsita de pan, pan blanco y pan negro, crocante, del día, y por Plaza Rocha un muchacho me aborda.

Señora - dice - me daría un poco de pan?

Abro la bolsita y le doy.

Iba yo con mi pan del brazo, colgado, blanco y negro, transparente en su bolsita de nailon se adivina. Un hombre joven me aborda.

Señora,  me daría un poco de pan?

Abro la bolsita.  Le doy. Un poco de pan, blanco y negro.

Señora,  me daría un poco de pan?

Escrito sobre la harina abro mi pena y le doy.