jueves

Las lluvias y la espera

 

Llueve intermitentemente desde hace varios días. Si no llueve llovizna  y entre una y otra, cuando el agua que cae del cielo se detiene un rato,  se siente el aire traspasado de humedad. Se lucen unas perlas colgantes de los aleros, las hojas de las plantas sostienen  unas gotas grandes de belleza traslúcida, y bajo el pasto la tierra no termina de absorber tanta agua.

En mi exvida del centro de la ciudad la humedad era solo atmosférica. Y bien molesta que era. Pero las lluvias no dejaban perlas sobre el pasto ni bajo él la vida secreta de las lombrices, o a mí no se me revelaban porque no hay perlas ni lombrices sobre el asfalto. Y era muy raro descubrir el arco iris entre los edificios al contrario que aquí, en Alto Camet de Mar del Plata,  que cruza abiertamente el cielo con su semicírculo de delicado esplendor.

Mis plantas están hinchadas de agua. Ellas y yo esperamos el fin de la lluvia, el viento sur que seca y enfría,  y la reaparición del sol que hará brillar las hojas limpias y reverdecidas y a mí hacerme caminar sobre la tierra que se seca a buscar el horizonte, allá, donde se traza sobre el confín del mar.


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