sábado

Coordenadas

Me hallo bajo el techo de mi casa. Arriba, llueve. Más arriba, arriba de las nubes que ahora se dejan caer, debe brillar el sol. Pero acá abajo hace días que el sol está ausente. Deja pasar su luz, una luz gris y pálida, que al mediodía se vuelve blanca sin matices.

Más arriba todavía están las estrellas. Puedo determinar cuáles son en este mismo momento, de día y lluvioso, con la aplicación Stellarium. La aplicación me ubicará en dónde estoy parada yo en el planeta: aproximadamente 37º56’S-37º57’O. Y podré girar el firmamento en la pantallita, el firmamento a mi alrededor conmigo como centro. Compararlo con el que veo arriba, en el cielo negro del cosmos, aprender los nombres de las estrellas, visualizar planetas y galaxias.

Las coordenadas de mi ubicación son tan precisas como las que llevaron al misil que Estados Unidos arrojó sobre una escuela en la ciudad de Minab, en Irán. Ciego y destructor cayó el misil sobre las vidas de niñas y maestras, sin saber nada más que las coordenadas a las que llegaría: 27°6′35.4″N 57°5′05.1″E

En mi casa segura, bajo la lluvia que musicaliza el techo de chapas, sé que arriba de la tormenta está el sol. Y sé también con la misma lucidez que mis coordenadas en Mar del Plata pueden establecerse con tanta exactitud como las de Minab. Todo alrededor del planeta aparecen en pantallas, en los mapas de Google y bajo los  ojos de los que crean las coordenadas de los ataques. 


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